Archivo del Autor: belenporras

El otro Haití: Puerto Príncipe

Hay extranjeros que viven y trabajan aquí que dicen que hay dos ‘Haitis»: uno Puerto Príncipe y otro el que representan los pueblecitos del resto del país.
Puerto Príncipe no tiene nada que ver con Jean Rabel. Aquello es mucho más pobre, faltan muchísimas cosas que consideramos básicas (como luz o agua corriente) y otras quizá no tan básicas pero de uso diario como cartones de leche, fruta (más allá del mango y los plátanos que hay a montones) o carne que no sea cabrito o muslos de pollo (en Puerto Príncipe puedes comprar un pollo entero pero a Jean Rabel no llegan más que los muslos). Pero a pesar de eso es mucho más tranquilo y seguro. Allí podemos pasear por la calle solas y no pasas ningún miedo.
Aunque Haití en general da sensación de caótico, desordenado, con mucha miseria y sucio (la basura se acumula en cualquier esquina), en Puerto Príncipe todo es más. No sé si son los efectos del terremoto pero creo que no debe de ser muy diferente. Es una ciudad muy extensa, donde en muchas zonas las casas parece que se amontonan como un panal de abejas… En las faldas de las montañas se ven cientos de pequeñas casas casi unas encima de las otras.
Llama también mucho la atención la cantidad de personas que hay. No sé cuántos millones de habitantes tiene la capital de Haití, me decía Nazareth que tres o cuatro millones, pero que la cifra es difícil de saber porque hay barrios marginales muy grandes donde no se sabe la cifra de ciudadanos.
Las personas se concentran en las aceras y en los extremos de las calles donde se hace prácticamente toda la vida comercial. En la calle se ve de todo: frutas, verduras, carne, pescado, pan, ropa, zapatos, libros, lavadoras, muebles (desde mesas hasta armarios y camas), cuadros, productos de limpieza y de aseo…

Esta mañana hemos ido a la Embajada de España, que está en el mejor barrio de la ciudad Petion-Ville, una zona muy buena pero que no se queda al margen de la realidad del país. Hemos saludado a la cónsul y al canciller (el embajador estaba de vacaciones). Este último nos la ha enseñado y nos ha explicado un poco cómo se trabaja allí y el funcionamiento del correo diplomático. La embajada es un chalecito que se ha adaptado en oficinas porque la anterior quedó destrozada con el terremoto. En cuanto entras un Policía Nacional uniformado te recibe y nos recuerdan que estamos en suelo español y que en ese espacio vuelve a haber un cierto orden.