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Becas, artesanía, pequeño comercio y casitas en Jean Rabel

La Congregación de Jesús María en Jean Rabel, compuesta por Nazareth y Rose (irlandesa), han puesto en marcha muchos proyectos para ayudar a las personas de la zona, todos con el objetivo final de dignificar a la persona, bien a través de la educación, del trabajo o al poder contar con un hogar propio.

Las hermanas tienen un taller de costura y artesanía, en el que un grupo de mujeres trabajan haciendo vestidos, muñecos haitianos, tapices, manteles o bolsos, decorando camisetas o cajas… Por ese trabajo, reciben un salario mensual. Una universidad de Miami, por ejemplo, encarga en este taller las bolsas de tela que venden en el centro.

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Además,  antes de instalarse en Jean Rabel, Nazareth estuvo un tiempo en Grosmorne, donde tenía un taller de artesanía con chicos jóvenes y que aún se mantiene. Allí hacen cuadros, llaveros, cruces, posavasos y salvamanteles de madera, entre otras muchas cosas. Los talleres se sostienen solos económicamente.

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Otro de los proyectos de Nazareth y Rose en Jean Rabel son las becas para que los niños puedan estudiar la educación primaria. La mayoría de las becas, que son de 60 dólares USA al año, se las conceden a niñas, porque si una familia tiene que decidir qué hijo deja de estudiar porque es necesario que trabaje, ellas son las primeras afectadas. Con esos 60 dólares, se cubren los gastos de inscripción, comedor y uniforme.  En materia educativa han impulsado también un programa de alfabetización para adultos, ya que hay muchos que no saben leer ni escribir, y la construcción de escuelas.

Las hermanas son también promotoras inmobiliarias, pero de las buenas, nada de especuladoras. Con los fondos que reciben, la mayoría de la Fundación Juntos Mejor (que es de la Congregación) construyen casas para las familias más pobres, que consta de dos o tres cuartos y letrina. Ellas han de conseguir el terreno y aportar 1.000 dólares para materiales, y el resto (unos 4.000 dólares) lo pone la Congregación. Además de dar una casa a familias que la necesitan, se mantienen puestos de trabajo en Jean Rabel, ya que los obreros son de aquí y los materiales que se emplean son de Haití.  Para acceder a la casa además es necesaria una condición, y es que las los niños de la familia estén escolarizados.

Para ayudar a que las familias tengan un medio de subsistencia, se han puesto en marcha varias iniciativas. A algunas se les da una donación de 150 dólares para que puedan crear una huerta con la que obtener alimentos que puedan luego vender o para su propio consumo. Otro proyecto es el de los cabritos: se les regala un cabrito (que cuesta entre 60 y 70 dólares) y la primera cría que tengan se da a otra familia y el resto de las crías ya se las quedan.

Relacionado también con el trabajo está el pequeño comercio, que son préstamos para una familia pueda poner emprender (palabra de moda ahora en España) y crear un negocio. Se les dan 250 dólares al año, que han de ir devolviendo con intereses. Lo que se consigue con los intereses se reinvierte o se destina a ayudar a alimentar a familias necesitadas.

Con todos estos proyectos se puede colaborar. Hay particulares que están apoyando la educación a través de las becas, otros organizan eventos o pequeñas reuniones para vender las cosas que se hacen en los talleres (ya os llamaremos cuando volvamos a España jejeje), se pueden hacer donativos para las huertas familiares, el pequeño comercio o ya si se juntan unos cuantos o si hay alguien que esté muy desahogado se pueden hacer aportaciones para la construcción de casas.

También se pueden hacer donativos para alimentos. Nazareth ha calculado que con 25 euros come una familia de ocho miembros durante dos semanas. Con ese dinero se pueden comprar dos marmitas de arroz, dos de maíz, sardinas, una botella de aceite, ajo, un vaso de judías, varios paquetes de espagueti y jabón.

Nazareth y Rose no paran de innovar y pensar cosas nuevas que se puedan hacer. En la casa reciben también a médicos para que puedan hacer operaciones, que ellas financian si las familias no pueden costearlas y son urgentes. Cuando empieza el año hacen un presupuesto, en el que siempre incluyen una partida para imprevistos. Y es que siempre hay cosas que surgen y que no pueden esperar.