Archivo por meses: julio 2013

Una de cal y otra de arena

Está siendo una semana muy intensa. Ya hemos empezado con la actividad: las actividades con los niños por las mañanas, luego las clases de francés (yo sólo soy la ayudante de la profesora, aunque también tiene lo suyo) y después de comer y de la siesta (que no la perdonamos ni un día) hacemos un taller con chicas jóvenes (aunque casi todas tienen hijos ya) de broches, colgantes y cosas así con unos modelos que ha traído Elena.

Luego, nos solemos ir a dar un paseo por Jean Rabel. El miércoles, Nazareth nos llevó a Kay Pov. Significa casa del pobre. En una de las zonas más pobres de uno de los países más pobres del mundo, hay una casa para los pobres. Aquellos que no tienen absolutamente nada. Es un edificio que parece que está a medio construir, con una entrada tan estrecha que casi tienes que entrar de lado. Ahora viven allí cinco personas, algunas de muy avanza edad (unos ochenta años) y con discapacidad. En Kay Pov además de un techo les dan de comer, tienen agua y va una señora a lavar la ropa.

Se te cae el alma a los pies. Cuando crees que ya lo has visto todo, hay algo más, otra vuelta de tuerca que te muestra una realidad durísima. Y pese a todo, la mayoría nos recibió con una sonrisa y con ganas de charla, aunque es verdad que otros nos miraban como si no vieran a nadie, como perdidos.

Por los caminos, cuando vamos en coche a las escuelas, hay un flujo constante de personas a pie, algunas incluso descalzas, cargadas con productos para vender en el mercado. Otras muchas personas van en burro (los niños tienen un dominio tremendo) y ya, las que menos, en moto o en coche. En las motos, que hacen las veces de taxi, lo normal es que vayan el conductor y otras dos personas como mínimo.

IMG_0076[1]

También es normal ver a mujeres y niños lavando la ropa en el río o aseándose, pues entre tantas preocupaciones que tiene la del pudor nos le hace perder el tiempo.

IMG_0066[1]

La gente se queda mirándonos cuando nos ven pasar, y la mayoría en cuanto les sonríes o saludas te lo devuelven. Tienen gestos buenísimos con nosotras. Ayer jueves cuando salimos a dar un paseo nos tocó cruzar el rió saltando de piedra en piedra para no mojarnos las zapatillas. Me quede clavada entre dos pierdas y con la risa ya no podía ir ni para adelante ni  para atrás y una señora mayor dejo sus bolsas en el suelo, se metió en rió y me ayudo a llegar al otro lado.  A todo esto, dos niños que se estaban bañando se partían de la risa pensando la torta que nos íbamos a pegar.

Otra señora que nos cruzamos ayer y con la que fuimos hablando un rato, gracias a la traducción que nos hacía Gardyne (una chica haitiana de 34 años que se prepara para ser monja de Jesús María  y que vive con nosotras), nos decía que los blancos no andan, que siempre van en coche a todas partes jajaja.

La verdad es que la experiencia no tiene precio…