Mejor no ponerse malo… Es la conclusión que hemos sacado después de visitar hoy el hospital de Jean Rabel. Es la segunda vez que voy y creo que me ha impacto más que la primera.
El hospital se construyó alrededor de 1980 y hace unos años lo ampliaron. Muy recientemente le han lavado un poco la cara y, entre otras cosas, han pintado. Nazareth nos dice que ahora está muy bien, que antes era una porquería. No me puedo ni imaginar cómo sería.
Hay un guardia de seguridad en la puerta principal, sentado en la calle. Al preguntar por qué está ahí nos responde Nazareth que, por ejemplo, para que no roben a los niños, que hay gente que los coge si los necesita para algo y nos pone el ejemplo de algún ritual o sacrificio.
En la sala de espera hay bancos, algunas de las sillas están rotas, y la preside un cartel que pone que no se permite entrar con armas. Al avanzar un poco más, por un pasillo que hay a la izquierda, se llega a las urgencias. Es una sala oscura, con un par de camillas, aparatos un poco destartalados y materiales utilizados por allí encima.
Nazareth fue hace unos días al hospital a hacer una gestión y nos contó que estaban dando puntos en la cabeza a una mujer en el pasillo. En el hospital trabajan tres o cuatro médicos y un equipo de más de 15 enfermeras.
Además de las urgencias hay una sala de radiología (pero que no funciona), otra de cirugía, una habitación común de pediatría (que se ve en la foto de abajo), otra para las mujeres, otra para los hombre y una de maternidad. Hay también dos habitaciones para enfermedades contagiosas, una para los hombres y otra para las mujeres.
Los familiares de los pacientes que están ingresados se llevan sus propias sábanas y mosquiteras, y se encargan de la comida y del aseo. La gestión del hospital es estatal y los pacientes han de pagar 2o dolares haitianos (algo menos de dos euros) por cada noche que pasan ingresados.
Hemos podido ver también la sala de las enfermeras, un despacho de administración (en la foto de arriba), las duchas (aunque a muchos enfermos se los asea en un patio), la carpa de Unicef que se puso cuando hubo un brote importante de cólera, el lugar donde se queman algunos de los materiales que se utilizan, el edificio de la morgue y el recinto donde se guardan el material y las medicinas.
En este último edificio llama la atención que en la entrada hay una montaña de cajas (hoy hemos contado nueve). Son de preservativos, aunque aquí no se utilizan para prevenir enfermedades o controlar la natalidad. La mayoría de las personas los emplean como globos en celebraciones o fiestas. Nos lo ha habían contado y hace un par de días lo pudimos comprobar.




