Recibo un correo electrónico de Nazareth, no más de cinco líneas, y se me encoje el corazón. Me responde a un mail que le he escrito sólo para preguntar qué tal va todo y para que le diera un abrazo enorme a Gardyne de mi parte por su graduación de mañana.
Me dice que el acto lo han retrasado al 15 de septiembre “sin más”, y me apunta que están en Jean Rabel, en Haití, y que “los jóvenes y los pobres lo han de aguantar todo”.
Me cuenta también que se ha decidido que el curso escolar comience el 7 de octubre, así que “más vacaciones”. Para los niños de muchos países de mundo eso sería una buena noticia, pero no en Haití. “Como los niños trabajan desde los tres años aquí”, supone “más trabajo para ellos y menos clases”, explica.
Y entonces, vuelven a la cabeza esas imágenes de los pequeños cargando alimentos por los caminos para vender en el mercado, cuidando de los animales en los campos o ayudando a lavar la ropa en el río.
Imágenes que desde la distancia generan más impotencia que cuando estás allí, que hacen que seas más consciente de la injusticia y que ésta duela más.

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Da todo mucho más pena cuando estás lejos… Gracias por todos tus comentarios durante mi estancia allí, no saben qué bien venían!