Esos paisajes que no se olvidan

Haití es un país maravilloso en muchos sentidos. Además de ser una lección de supervivencia, de agradecimiento y fe, es un lugar en el los paisajes y su contraste también te dejan sin palabras. Al repasar las fotos, me doy cuenta de la cantidad de instantáneas de  paisajes que tengo, porque en Haití no sólo la realidad que viven te deja sin palabras.

Es un país de playas paradisíacas, de amplias zonas de vegetación con palmeras infinitas y de inmensas extensiones de tierra seca. En un trayecto de menos de una hora en coche pasábamos de un extremo otro, de ver el paraíso a sentirte en el infierno, con un calor sofocante y la ausencia sombras.

De las playas no se pueden decir más que cosas buenas, la pena es que los haitianos las disfruten tan poco. Con tantas preocupaciones, para la mayoría pensar en darse un baño en el mar no ocupa ni un segundo de tiempo.

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¿Qué me decís de Môle-Saint-Nicolas? Al Noroeste de Haití, donde casi no llegan los pocos turistas que se atreven a visitar el país. Un grupo de franceses ha montado allí un camping y un chiringuito que no tiene desperdicio. Desde Jean Rabel tardamos algo más de dos horas en coche por esas carreteras tortuosas. Agua muy tranquila, arena finísima y un paisaje…

También sin palabras nos dejó Ville France, aunque aquí el agua era peleona y había que entrar con cuidado. Sentarse en la orilla, ver y escuchar. No hace falta más cuando estás frente a la Isla de la Tortuga y con personas que saben tantas historias de ella.

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Gracias a los viajes en coche hemos podido ver también vistas increíbles, postales de Norte de Haití que se alejan de la idea (o realidad) de que es un país deforestado. Grandes valles verdes, alimentados por varias jornadas de abundante lluvia. Nunca me había alegrando tanto de ver llover, quizá porque nunca me había dado cuenta de lo necesaria que es el agua que cae del cielo.

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Imposible captar en una foto todo el alto de una palmera y el paisaje verde, por muchos ángulos distintos que intentaras. A pesar de los avances tecnológicos, las imágenes que se graban en la retina son inigualables.

Tampoco una cámara puede quedarse con un amanecer o una puesta de sol igual que lo hace el ojo humano. La mañana que salimos de Jean Rabel hacia Puerto Príncipe para iniciar el regreso a España nos acompañó un amanecer que tiñó el viaje de melancolía, pero que hizo que las primeras horas de trayecto se pasaran volando.

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Puede parecer un amanecer normal, pero estoy segura de que Elena, Leo y Mar también tienen un recuerdo especial del amanecer que disfrutamos el 13 de agosto.

 

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