En dos días volveré a estar en Haití, con ganas e ilusión pero también con muchísimo respeto y admiración a un país donde la mayoría de la población sufre y lucha cada día por salir adelante.
Sois muchos (o unos cuantos jaja) los que me habéis preguntado si este año también iba a hacer el blog, y aunque al principio no lo tenía claro, me he acordado de todo lo que disfruté el año pasado haciéndolo. Así que confirmado. Este año también hay blog.
Lo mejor de estos días antes de la partida es cómo se vuelcan las personas cercanas, tanto en lo afectivo como en lo material. Los “clásicos” no han fallado y me llevo la maleta llena de cosas… Desde la plastilina y los globos de Jordi y Raquel al balón de fútbol que este año me ha dado Moncho y la innovación de material para jugar al béisbol de Willy.
Y bueno… todos los juguetes que me ha dado Meritxell, el juego de las partes del cuerpo que han comprado mis padres que es tan completo que parece para estudiantes de medicina en vez de para niños, las camisetas de Leo o la novela de Mar.
¡Ah! Y que no se me olvidan que, aunque no los lleve, los no sé cuántos kilos de comida no perecedera de Sergio.
Si alguien está pensando ahora… Anda podría haberle dado tal o cual cosas, no os preocupéis, que cuando vuelva la maleta volverá más llena de lo que va y daré la lata para que compréis la artesanía que hacen en los talleres (Miki, creo que Jon se merece una silla como la de su hermana).
La próxima vez que escriba ya será desde Jean Rabel, a donde (si todo va como tiene que ir) llegaré el miércoles por la tarde. Como el año pasado volamos a Santo Domingo, de ahí a Puerto Príncipe y luego serán unas siete horas de coche.
Pues nada, esto ya está en marcha… ¡Qué nervios!

Belén, que tengas muy buen viaje.
Ánimo con la aventura.
Un beso grande